Mari, se avecina la temporada de bodas… Y tú sólo tienes 3 opciones: echarte a llorar muy fuerte porque tú morirás sola acompañada de tus 5 gatos, empezar a correr en círculos a la par que emites grititos y agitas los brazos en alto como si te hubiese invadido el espíritu de Macaulay Culkin en Sólo en Casa, o comenzar a trazar un plan para escaquearte con estilo de cualquier evento en el que “Sí, quiero” no signifique aceptar una ronda más de Jäger.

¡Ay querida, qué sería de ti sin mí! A continuación te proporciono hasta 10 ideas para autocompletar la frase “¿Qué me invitas a tu boda? ¡Vaya! Lo siento, pero…”

  • No voy a estar en el país, he tenido una experiencia mística a lo Tamara Falcó y este verano me voy de misionera a evangelizar por el mundo adelante”. Para que esta excusa cuele es muy importante la caracterización adecuada: maquillaje efecto cara lavada, vestimenta recatada y la App de la Biblia en tu Smartphone.

  • “Mari, voy a tener que declinar tu invitación porque soy gafe. Sí, sí, tal como oyes. Está comprobado 100%. Boda a la que voy, boda que termina en divorcio antes del primer aniversario. Tú misma, pero yo no me invitaría a mí misma”.

  • “Estoy bajo arresto domiciliario”. En cuanto acabes de pronunciar la última palabra, tus amigos contrarrestarán con otra excusa para largarse corriendo de tu casa. Nadie quiere un criminal por amigo.

  • “Soy alérgica. Sí, sí, es acercarme al plumeti y me empiezan a salir unos sarpullidos. De hecho, ya me está picando sólo de pensarlo”.

  • “Tengo otra ese mismo día, se casa el primo tercero de la madre de mi cuñado”. Vale, esta excusa es el equivalente a “mi perro se ha comido los deberes”, pero es de lo más efectiva.

  • “Vaya, qué embarazosa es esta situación… Lo cierto es que me acosté con tu futuro marido… Hace tiempo ¡eh! Ni siquiera os conocíais, hace como 6 años… ¡Ah, qué lleváis 8 de novios! ¿Dije 6? Quería decir 9, es que soy disléxica y confundo los números”. Con esta excusa, además de librarte tú de la boda, lo mismo también le haces un favor al resto de invitados.

  • “No puedo. Ese mismo fin de semana tengo cita con mi peluquero Paolo. No veas lo cotizado que está últimamente. Llevo más de 5 meses en lista de espera. ¿No me ves cómo tengo las puntas, Mari? Fatal no, lo siguiente. Y ¿qué me dices de las mechas? Las llevo ya a una altura que parecen californianas”.

  • “Estoy en un programa de protección de testigos. ¿Te acuerdas de aquel noviete italiano que tuve? Pues Corleone a su lado era un aficionado y… Bueno, será mejor que no te dé más detalles, a no ser que quieras terminar como yo”.

  • “Pues es la primera noticia que tengo. No me llegó la invitación, el cartero me la tiene jurada desde que no le di el aguinaldo las pasadas navidades”. Si el “¡habla cucurucho que no te escucho!” te funcionaba de pequeña, ¿por qué no ahora?

  • Y ahora te dejo una excusa de última hora: una indisposición grave. “Mari, lo siento mucho, no voy a poder asistir a tu enlace, me ha picado una avispa en la cara y no creo que quieras que en tu álbum de boda tenga más protagonismo la mujer elefante que tu Vera Wang”.