Odio el arte que necesita explicación. Es un defecto que tengo, o una virtud, quién sabe. El caso es que si un artista tiene que explicar su obra para que los demás la entiendan, no me gusta, me parece mediocre y pedante. De hecho, si tuviese que buscar un denominador común que resuma todos los artistas que me gustan, sería su forma explícita y sencilla de contar lo que quieren transmitir. Las obras que me enamoran son directas, ingeniosas y claras. Algo que de primeras puede parecer lo más fácil del mundo, es una cualidad que muy pocos poseen y que yo personalmente, considero un don.

Jean Jullien es uno de ellos. Este ilustrador francés residente en Londres, es directo, crítico y ocurrente. Tanto en las viñetas que publica cada día en su blog, como en sus obras más trabajadas, Jullien refleja de manera sencilla, a la par que dura, la sociedad en la que vivimos. Nuestros desastrosos valores son el tema principal de sus dibujos, los cuales, se sienten como una necesaria bofetada de realidad para el que tiene la suerte de observarlos. Crítico imparable de las nuevas tecnologías, parece intentar traducir de manera pictórica el archiconocido pronóstico de Einstein: Temo el día en que la tecnología sobrepase nuestra humanidad. El mundo sólo tendrá una generación de idiotas.

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