El día que nos enteramos que estábamos embarazados teníamos ganas de gritarlo a los cuatro vientos y contárselo a todo el mundo porque era algo que deseábamos mucho desde hacía tiempo tanto nosotros como gente de nuestro entorno. Pero es verdad que también teníamos un poco de miedo al principio. A pesar de ser una noticia que da muchísima alegría, si algo no sale bien los primeros meses, es un palo muy gordo. Una montaña rusa de sensaciones que queríamos ahorrarle a todos si por lo que sea pasaba algo. Preferíamos esperar a que cumpliéramos los 3 meses de gestación que, aunque tampoco nada es seguro entonces, el riesgo de perderlo es menor. Aguantar esos 3 meses fue algo realmente complicado. Guardar un secreto así y evitar hablar de las citas médicas, de sensaciones, de ilusiones…

Yo sólo se lo conté a mi compañera de trabajo (y buena amiga) Bea. Un día me asusté al darme cuenta que había manchado un poco. Se lo conté y le dije que igual tendría que salir corriendo a urgencias si la cosa iba a más [Suerte que se quedó en un susto. Posiblemente los típicos manchados en las primeras semanas de implantación]. Ambas saltamos de alegría y nos abrazamos. Fue curioso también como un día, antes de despedirnos en las vacaciones de verano, quedamos a comer con otra compi, Soraya. Cuando nos sentamos, empezamos a repasar la carta y vi a Soraya un poco rayada con qué pedir. Me miró y me dijo.. – “Ya sabes que yo soy especialita para comer, pero es que además… ¡Estoy embarazada!” – a lo que yo le respondí… – “¿En serio? Pues, ¿sabes qué?… ¡Que yo también!” Nos levantamos, nos abrazamos y tras hablar un rato nos dimos cuenta de dos cosas, que Bea sabía el secreto de ambas desde hacía tiempo y estaba deseando que nos lo contásemos, y que ambas salíamos de cuentas en las mismas fechas. Qué casualidad ¿no?

Como nos quedamos embarazados en Mayo, el final del primer trimestre coincidía justo con nuestras vacaciones de verano, así que decidimos aguantar hasta que fuéramos a Sevilla a ver a la familia para contarlo, y queríamos hacerlo de alguna manera especial. Sabíamos que la familia lo esperaba como agüita de mayo pero seguro que no tenían ni idea de que sería en ese momento cuando lo contásemos.

Nos metimos en Pinterest para inspirarnos pero la verdad ¡hay auténticos horrores! Dimos con algunas ideas originales que nos inspiraron para crear una adaptada un poco a nosotros.

Cuando tuvimos la eco de las 12 semanas (3 meses) hicimos fotocopias de la que mejor se veía y montamos una serie de postales cuya portada incluía un símbolo por cada miembro de la familia que de alguna manera nos identificase: Antonio una cámara (Para quien no lo sepa, él es  fotógrafo), yo un dibujo del logo de Twitter (mi mundo son las redes sociales) y una huella por Amy, nuestra pinscher miniatura que adoramos. Sobre mi dibujo de Twitter un aviso de una notificación por el nuevo miembro… Y al abrirla, un mensaje personalizado para cada miembro de la familia que salía como un bocadillo de la ecografía saludando (“Hola Abuela!”). Las reacciones fueron increíbles y recibieron la noticia con mucha alegría, tal y como sospechábamos.

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Otro asunto que me quedaba pendiente era contarlo en el trabajo. A pesar de que por Ley no estoy obligada a avisar si mi trabajo no es incompatible con el embarazo, quise hacerlo más por un asunto de buena praxis. No es justo, pero al menos yo tenía un sentimiento de culpa y miedo a la vez por si la noticia podía provocar algún desajuste en mi puesto de trabajo. En primer lugar porque dejaba a mis compañeras, que adoro, con una menos y eso se iba a notar en el departamento. Trabajo en una agencia de publicidad y el ritmo es frenético. Sabía que más pronto que tarde me tendría que coger la baja y que mi ausencia la iban a tener que soportar sobre sus hombros. Y en segundo lugar, por miedo a pudiera afectar en algo a mi trayectoria profesional. Supongo que es un miedo generalizado que sufrimos las mujeres y que demuestra que aún hoy día las mujeres en ocasiones nos enfrentamos a la dura decisión de “triunfar en tu carrera” o “ser madre”, cuando ambas cosas deberían ser posibles a la vez. Pero no tuve ningún problema. Me senté con mi jefe, se lo conté y también me dio la enhorabuena. He estado trabajando hasta hace pocos días que mi médico de cabecera me dio la baja porque ya estaba llegando al octavo mes y sufría de mucha ansiedad y estrés. Ahora me toca descansar y estar relajada en esta recta final del embarazo en la que estoy.

Una vez que ya lo sabían aquellos más cercanos, también quisimos compartirlo con el mundo con un vídeo muy divertido en el que pedimos a gente que queremos que se grabaran bailando sin explicarles para qué era. Y este fue el resultado.