A primera vista, la colección de Avellaneda para Otoño / Invierno 2016 transita por caminos contradictorios. Por un lado, los materiales (mohair, mouton, denim, napa o piel de Toscana) evocan una suntuosidad nacida en plena naturaleza, una suavidad agreste comparable al paisaje desnudo que protagoniza las imágenes de su campaña. Por otro lado, un aliento de vanguardia impregna volúmenes geométricos, siluetas que se superponen al cuerpo sin someterlo y acabados minimalistasque ceden la voz a lo que verdaderamente importa: una propuesta exigente desde el punto de vista estético y también material que incide en valores que ya forman parte del ADN de la firma. Pureza, tacto, juego, lujo y hedonismo.

Por ello, si la anterior colección de Avellaneda evocaba el paraíso mediterráneo de los primeros experimentos cubistas, ésta se adentra en aguas más enigmáticas. Podría ser una travesía por el mar del Japón, con formas misteriosas emergiendo entre la bruma y una sensación expectante en el aire.

Aquí, los juegos se sitúan bajo el signo del Surrealismo. Hay dobles sentidos, materiales que no parecen lo que son y colores equívocos. La excelencia convive con la experimentación, y lo hace gracias a una paleta cromática masculina, severa y lujosa: camel, navy, blanco, rojo y gris. Hay tonos lisos y tartán, nubes y copos de nieve. Como un leit motiv, el denim regresa disfrazado; es ante o paño italiano, pero siempre masculino y contemporáneo. Igual camino toman los cortes, puro espíritu de Vanguardia pero también pura estética 2016: pantalones palazzo, siluetas entalladas, hombros caídos y longitudes variables. Así es esta colección. Un paisaje mental lleno de senderos misteriosos y juegos sensoriales. De sombras robadas que se transforman en siluetas. Un guiño abstracto a la medida del hombre.

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Photo Jorge Pérez Ortiz Model Xavier Serrano Curated Issue Ten