Avellaneda presentó en el hotel Pulitzer su colección SS17, durante la Menswear de París.

Esta historia comienza en un lugar donde se concentran todas las historias del mundo: la Biblioteca de Nueva York. Allí, el diseñador Juan Avellaneda ha encontrado el punto de partida   para   su   nueva   colección.   El   detonante   fue   un   conjunto   de   dibujos de Kamisaka Sekka, una figura esencial para entender el arte japonés de principios del siglo XX. Frente a la gráfica nipona tradicional, Sekka trabajaba con grandes manchas de color dotadas de una simplicidad poética cercana a la abstracción, y esa sensibilidad constituye el hilo conductor de una colección masculina que camina con delicadeza entre códigos, influencias y claves estéticas.

Fiel al espíritu cosmopolita de la firma, este conjunto de prendas fusiona distintas influencias amalgamadas gracias a ciertas notas comunes: simplicidad, detalles sutiles y formas ligeras. Así, las guayaberas cubanas dialogan con el minimalismo nipón, y el dénim americano adquiere una levedad muy mediterránea.

Los colores, equilibrados, permiten apreciar la construcción de las prendas, más sofisticada que nunca. La colección oscila entre el blanco, el beis y los azules claros y oscuros, con la irrupción hedonista del rojo brillante, que evoca la suntuosidad asiática a la que siempre ha rendido tributo Avellaneda, y que se plasma también en sutiles bordados en chaquetas de esmoquin y piezas de sastrería.

Como ya viene siendo habitual en las colecciones de Avellaneda, nos encontramos en las antípodas de la estridencia mediática: la única proclama que aparece no es un eslogan publicitario,   sino   la   frase   Ceci n’est pas un bateau,   un   sutil   homenaje a Duchamp caligrafiado por Passalacqua. Por lo demás, la colección exige cercanía e intimidad: es así como se aprecia la textura de las camisas de seda, la exaltación mediterránea del punto de lino y la calidad de las camisas oxford, del cashmere y el algodón. Son prendas táctiles, pensadas para ser vividas con naturalidad, sin espectáculo pero con conciencia del valor de cada tejido, cada corte y cada textura.

El resultado es un diálogo entre influencias y estilos: los pañuelos de seda estampados con obras de Kamisaka Sekka, las prendas anudadas y los sutiles drapeados de los pantalones remiten a la estética japonesa, el hedonismo mediterráneo se refleja en la ligereza de los tejidos y el estilo de Avellaneda en ciertos detalles ya emblemáticos, como los ribetes que rematan camisas y chaquetas.