Duerme, duerme todo lo que puedas que luego...” es el consejo que más veces escuché mientras estaba embarazada y ¡qué razón tenían!

Es cierto que a lo largo de estos 8 meses y medio los ciclos de sueño de Mia han ido variando. Durante sus primeros meses, se pasaba muchas horas durmiendo, aunque solo fuera por cortos periodos de tiempo. Se despertaba como cada 3-4 horas para comer. Durante el día y durante la noche. Estando de baja y todo el día en casa era fácil eso de “cuando el bebé duerma, aprovecha y duerme tu también” (superconsejito). Nunca ha sido una niña de llorar, así que no podemos decir que hayamos sufrido largas noches agotadoras sin dormir y desesperados porque el bebé no calla. De hecho yo pensaba “qué exagerada la gente, pero si yo estoy durmiendo lo suficiente cada día..” También es cierto que yo no soy de dormir mucho. Con 5 horas o así voy bien. Pero si es durante un periodo de tiempo relativamente corto. Si lo hago durante mucho tiempo cada vez estoy más agotada y lo voy notando…

El problema comenzó cuando volví a trabajar. Ya no coincidíamos en horarios Mia y yo. Yo amanezco a las 6-6:30 para prepararme para ir al trabajo y cuando estoy saliendo por la puerta es cuando se suele despertar. Luego echa una siesta mañanera y justo cuando yo llego sobre las 16:30 ella se acaba de despertar. Yo vengo matada del curro y ella solo quiere jugar y gatear. Es agotador, no voy a decir que no. Y eso sumado a que por las noches se sigue despertando cada 4 horas aproximadamente pues…, aunque ni siquiera es para comer, porque muchas veces la cogemos en brazos unos minutos y se vuelve a dormir. Es más bien que se despierta y se ve solita y nos llama.

Como ya conté, desde la vuelta de las vacaciones la hemos acostumbrado a dormir en su cuna, en su habitación. Al despertarse por las noches y tener que ir hasta su habitación para calmarla varias veces hace que por las noches no descansemos. Y eso sumado a que nos gusta quedarnos en el sofá viendo series más que a un cochino una charca, pues se traduce en ojeras hasta el suelo…

Hemos probado varias cosas. Primero aguantarla durante el día para que duerma menos y no se despierte tanto por la noche. NADA.

Darle un biberón de cereales antes de dormir (aunque luego se enganche en la teta para rematar). NADA.

Aguantarla hasta tarde para que al acostarse no se despierte ya hasta el día siguiente y no muy temprano. NADA.

Otro tema que teníamos pendiente con ella era enseñarle a dormir sola. En una crianza con apego, lo normal es que se duerma en brazos, al pecho o en la cama con nosotros. Y esto además de darme una tendinitis de Quervarin y dolores de espalda indescriptibles, provoca que si queremos que se quede un día con las abuelas o con quien sea, no se va a dormir ni a la de tres… así que empezamos a enseñarle a dormir sola. ¿Cómo? Dejándola llorar desde luego que no, pero sí llevándola a la cuna cuando vemos que se frota los ojos y una vez dentro, no volver a sacarla aunque llore. Me quedo a su lado, le susurro, le canto… le acaricio… el primer día lloraba como si la estuviéramos matando. La cuna era lava. Pero a base de abrazos, caricias y mimos, ha dejado de odiar la cuna y ahora rara vez llora cuando la dejamos. Y si lo hace es porque tiene mucho sueño y al costarle dormir se frustra. Así que con caricias y besos acaba rindiéndose a los brazos de Morfeo. Esto, unido a que es más mayor, ha provocado que ya sea capaz de incluso estando en su sillita en la calle, cuando tiene mucho sueño, se duerma sola.

Y ya el remate fue está semana, que estaba jugando con su padre en la alfombra, se le subió en brazo, echó su cabecita en el hombro y cerró los ojos. Antonio, flipando, la llevó a su cuna, la dejó allí y se fue, sin casi parpadear… Acto seguido me mandó una nota de audio contándomelo y con un mensaje que decía: ¡Nuestro bebé ha crecido de repente!😭😭😭😭

Puede que sea verdad, porque desde ese día duerme todas las noches del tirón y casi 12 horas. Hemos ido varias veces a la cuna para ver si seguía respirando porque no salíamos del asombro. De momento está así. No lo quiero decir muy alto por si es una estrella fugaz. Quizá cuando vuelvan a la carga nuevos dientes que esperan agazapados en las encías, volvamos a las noches en vela… porque si os soy sincera, hasta la echo de menos por las noches, acurrucada en mi cama para poder olerle su pelito… me he “malacostumbrado” a dormir con ella. ¿Qué hago entonces? No quiero que crezca…