El camino de las baldosas amarillas esta vez no lleva a Oz sino a la gran caca dorada. Un paraíso que cabalga entre lo digital y lo real mientras es habitado por un nuevo concepto de celebrity. Personajes muy populares en su círculo social y completamente anónimos fuera de él se extienden por la península como una plaga imparable.

El postureo no se inventó en un día. Los orígenes de este mundo residen en blogspot, la cuna de los que ahora pasean de evento en evento como veteranos en el negocio. Los tiempos cambian y hay que adaptarse a las nuevas tendencias, si antes todo el mundo era bloguero ahora todo el mundo quiere ser rey de Twitter o Instagram.

La puerta de acceso al lujoso excremento es el nivel principal y uno de los pasos más difíciles de superar. Las películas de institutos americanos al más puro estilo “you can’t sit with us” son un juego de niños comparado con esto. La agenda escolar que te firmaban tus amigos de la pubertad ahora ha pasado a llamarse networking y es indispensable para ir escalando niveles. El titulo de popular entre tus amigos de la adolescencia no tenía remuneración, sin embargo, en este tablero hay mucho dinero, eventos  y regalos en juego.

La gente que lo compone tiene el don divino de ser polifacético. El perfil de Linkedin de la Dorothy del año 2015 recogería entre otros oficios el de bloguera, modelo, fotógrafa, artista, DJ, influencer e [inserte trabajo aquí]. El objetivo es tirar de tutoriales de youtube para engrosar la lista de destrezas de tu currículum, si en algún momento alguien te pregunta a qué te dedicas la respuesta es muy sencilla: “soy freelance”.

La parte más rentable del asunto son las cuentas de Instagram y Twitter. Unos cuantos de ceros en la cifra de seguidores te aseguran un par regalos de alguna marca a cambio de que publiques fotos en tus redes sociales haciendo la pelota. La Dorothy del s. XXI recibiría pares de zapatos a mansalva a cambio de sustituir los míticos tacones rojos de lentejuelas. No olvidemos que la foto de pies es un clásico en toda red social y eso lo saben las empresas.

Los auténticos artistas son encarnados por viejas glorias que hacen de pegamento en este “¿Quién es quién?” viviente. Los personajes de segunda y tercera división sirven de relleno en las listas de invitados a modo de figurantes. El territorio en el que habita este tipo de subcelebrity son fiestas de marcas cuyo objetivo es acercarse a nuevos tipos de público. La invitación rellena el ego de los presentes por un par de horas mientras indirectamente se hacen eco de lo que ocurre a través de todas sus cuentas.

En estos sitios los grupos y las jerarquías se establecen por sí solos… todo el mundo conoce a todo el mundo aunque nunca hayan mediado palabra. Los veteranos están curtidos de experiencia mientras las nuevas incorporaciones son devoradas en el gremio como un filete en una jaula de leones.

En definitiva, la caca dorada sigue igual de resplandeciente que siempre pero más podrida que nunca. El circulo va creciendo y las etiquetas o menciones en Instagram se rifan entre los nuevos fichajes. Las relaciones públicas nunca habían sido tan entretenidas.