¡Y por fin llegó el día! Cumplíamos la semana 12 (3 meses) y tocaba ir a la consulta para la primera ecografía. Esta vez en un sitio en condiciones, con un médico de verdad. Hasta ahora no me había puesto nerviosa por nada, pero ese momento en el que me tumbo en la camilla, me echa el gel frío y transparente en la tripa y empiezo a ver la cara del ecógrafo, impasible, sin un atisbo de sonrisa mientras me aprieta el abdomen con ese aparato… El miedo se apoderó de mí. Fueron unos minutos eternos. Por la posición en la que me encontraba tumbada en la camilla, yo no podía ver la pantalla con las imágenes de la ecografía. Mi única referencia era el rostro del médico, así que empecé a interpretar gestos que según mi paranoia significaban que algo iba mal… Me inundaron mil temores, miedos y ganas de llorar. En esta prueba se determina también el porcentaje de problemas cromosomáticos, riesgo de síndrome de down y malformaciones que puede tener el feto. Había leído que se puede ver a través de la medición del pliegue nucal o la presencia del hueso nasal; y había visto muchas (demasiadas) ecografías de ejemplo, haciéndome creer que era capaz de distinguir las diferencias si veía la pantalla, pero no era posible. Eso me puso más nerviosa si cabe. Si, ahora me creía médico. Aquí la recién Doctorada en Ginecología Myrian Martín…

En este caso no es una prueba diagnóstica, sino que al final según datos de la edad, si fumas, la medición de un par de hormonas en la sangre y lo que se ve en la eco, te dan una probabilidad que puede ser muy baja o no tan baja, y ahí está el problema. Yo miraba atentamente los gestos del médico…
«¿Qué significaba esa mueca? ¿Algo va mal? Ahora parece que frunce el ceño… Ya está, esto era demasiado bonito para ser verdad… Seguro que pasa algo malo. Aunque parece que no, que no hay ningún problema». Entonces pude ver la cara de mi chico. Se llevó las manos a la boca, sonriendo y con los ojos muy abiertos… ¡¡Estaba viendo a nuestro bebé!! Y por fin el médico giró la pantalla y pude verle yo con mis propios ojos… ¡Ahí estaba! Se veía perfectamente, latía y se movía… El médico sonrió y me dijo que todo estaba bien, y entonces empecé a llorar de la emoción… Era increíble, no soy capaz de explicar lo que sentí en ese momento, pero era algo muy grande, que a penas me cabía en el pecho. Dejó de ser algo en lo que había que creer con fe ciega y pasó a ser una realidad. Por fin pude verlo. Estaba ahí, dentro de mí creciendo poco a poco. Ahora a penas medía más de 5 cm pero tenía su cuerpecito, y ya movía las manitas y las piernas. También pudimos escuchar su corazón como latía fuerte y rítmico… Era algo impresionante. El médico no pudo asegurarnos el sexo del bebé, pero nos comentó que parecía niña. No quise creérmelo mucho hasta que no pudiera confirmarlo con más seguridad, y eso no sería hasta la próxima eco, en la semana 20 (5 meses).

Antonio y yo habíamos creado vida, a una personita que crecería y en unos años tendría sus propias ideas, inquietudes, deseos… ¿Qué le gustará? ¿Cuáles serán sus pensamientos ? ¿Le gustará pintar o cantar? ¿Le gustará algún deporte? ¿Será una persona hiperactiva o le gustará dormir? Sean cuales sean las cosas que le gusten, tendrá unos padres que le apoyarán en todo lo que haga y decida ser. Da igual si es princesa o guerrero, artista o científico, introvertido o extrovertido,… Sea como sea, siempre nos tendrá a su lado. Pero para eso aún queda y mucho. De momento nos quedamos con que está sano y que todo va bien. La próxima eco no será hasta la semana 20 y sé que ahora nos será más complicado aún aguantar tanto tiempo sin verle de nuevo. Nos encantaría poder verle todo el rato. ¡Ojalá un ecógrafo en casa! Aunque de momento me conformo con mirar una y otra vez la ecografía que nos dio el médico tras la visita y que fue con la que decidimos que anunciaríamos a toda la familia la noticia… ¿Cómo lo haríamos? Teníamos que pensarlo bien…