El lunes empecé a trabajar después de casi 6 meses inactiva. Ha sido duro volver, dejar a mi pequeña y retomar la rutina laboral. Pero he tomado una serie de decisiones que harán que la conciliación familiar sea una realidad.
El día que me dieron la baja médica y que supe que en al menos 5 meses no iba a volver a trabajar, sentí un placer y un alivio indescriptible. Tenía todo el tiempo del mundo y pensé en hacer mil cosas. Nos daría tiempo a terminar de organizar las cosas antes de la llegada de Mia, haría ejercicios todos los días para que el día del parto todo fuera más fácil, prepararía comida para los primeros días de vuelta del hospital… pero sobre todo, aprovecharía al máximo el tiempo.
Siempre he sido una persona muy inquieta y entregada al trabajo. Me gusta lo que hago y no me pesan las horas (siempre y cuando trabaje en un entorno que me agrade y en el que me sienta reconocida, claro). De hecho, en verano no suelo cogerme el mes completo de vacaciones porque “se me hace largo“, y siempre me guardo una semanita para aprovechar más adelante. Si, puede sonar a que soy un poco workaholic, pero no es eso. Desde hace un tiempo, tengo muy clara mi escala de prioridades y el trabajo os aseguro que no es una de las primeras. Cuando eres joven y acabas de terminar tus estudios te quieres comer el mundo y demostrar lo que vales. Aspiras a lo más grande y ganar muchísimo dinero. Cuando pasa el tiempo, y te das de bruces con jefes para los que eres una mera pieza en el engranaje de una máquina que debe funcionar contigo o sin ti, y que lo que más valoran es no escucharte quejarte ni reclamar un mínimo de derechos (para ellos, este tipo de actitud es ser un recurso problemático) inevitablemente acabas perdiendo esa ilusión.
Bien, pues así estaba yo el lunes. Había pasado los 5 mejores meses de mi vida, en casa con mi marido y luego con nuestra pequeña, disfrutando cada segundo, cada gesto, cada momento, cada pequeño detalle. Se me notaba. Estaba feliz. Tenía ganas de hacer cosas, de crear, hacer manualidades, volver a tener hobbies… todo eso lo había perdido por el amargor que había producido el día a día laboral en mí, que había afectado incluso a mi relación de pareja. Y es una pena que eso te pase en tu trabajo, la verdad. Así que no, no quería volver a trabajar. Y no tanto por separarme de Mia como todo el mundo piensa, sino por miedo a volver a ese amargor que enturbiara mi felicidad.
Ya estando de baja me planteé que a mi vuelta no quería tener que hacer el horario que tenía antes. En mi agencia se trabaja a turno partido con dos horas para comer (ni aunque comiéramos con los pies tardaríamos tanto…). Me parece una pérdida de tiempo, vamos. Al final estás todo el día pringada desde que sales a las 9h de tu casa hasta que vuelves a las 21h, y yo tenía claro que no había tenido una hija para no disfrutarla. Como ya dije antes, tengo muy claras mis prioridades. Así que después de mucho asesorarme, decidí que volvería al trabajo con reducción de jornada.
Cuando estás trabajando y tienes un hijo, tienes una serie de derechos que puedes ejercer. En primer lugar tienes la opción de disfrutar de una hora al día para dar de comer a tu hijo hasta que éste cumpla 9 meses. Si prefieres no hacer parada durante tu jornada, también puedes llegar media hora más tarde o salir media hora antes cada día. Y por último tienes la opción de acumular esa hora diaria y disfrutar de 15 días laborables que se añaden al final de tu baja maternal, que son 16 semanas desde el día del parto, alargándola unas 3 semanas más.
En primer lugar, comuniqué a mi empresa mediante un escrito con algo más de 15 días de antelación a mi fecha de incorporación, que es lo que marca la ley, mi intención de acumular mis horas de lactancia para disfrutar tres semanas más en casa. Cuando tienes un bebé, el tiempo lo valoras mucho más y esos días significaban mucho.

Otro derecho que tenemos las madres trabajadoras (y padres) es el tema de la reducción de jornada. Cuando estás al cuidado de un menor de 14 años, puedes reducir tu jornada laboral entre un octavo hasta la mitad. Y una vez que tienes la jornada reducida, puedes proponer un horario que tiene que ser continuo y debe estar dentro del horario habitual que hacías antes. La empresa debe aceptarlo, en la mayoría de los casos. Así que decidí reducirme el mínimo, ya que hay que tener en cuenta que esto supone una reducción proporcional también de tu sueldo (Estaría bueno si no). Esto era una hora al día y con un horario de 9 a 15h. ¡Triunfazo! Horario de funcionaria casi. Así tendría la posibilidad de trabajar las mañanas y tener las tardes libres para disfrutar de Mia.

Los meses han pasado volando. Antes de darme cuenta, el día de incorporación ya estaba aquí. El lunes fue mi vuelta al trabajo. Parecía el primer día de cole. Había preparado lo que me iba a poner fuera de la habitación para no despertar a nadie, puse varias alarmas para estar segura de no quedarme dormida, me preparé mi zumo y mi fruta para media mañana y me cargué de positivismo…
De momento sigo con la lactancia materna y cuando te incorporas al trabajo, tiene su pelusilla, no te creas. Por la mañana antes de salir de casa me saco leche que junto con la que me había sacado la noche anterior, debe haber suficiente para dar de comer a Mia durante la mañana. A esto hay que sumarle que a lo largo de la mañana ya en el trabajo debo acudir a los servicios para sacarme leche, si no quiero que me exploten los pechos como a Ana Obregón en el avión. Me enchufo y con un cable largo me siento en el water a mi labor mientras veo un poco qué novedades hay en mis redes. Me imagino lo que pensarán mis compañeras cuando entran en el baño, ven un cable que se pierde por debajo de la puerta cerrada de un baño y de donde sale un sonido rítmico muy desconcertante. ¡Me estoy ordeñando! Tengo que decir que a veces cuando noto en el ambiente la inquietud de la persona que acaba de entrar. Luego risa nerviosa y ¡Ah vale! Ya me estaba rayando pensando qué podría ser…
Como siempre me pasa, todo lo relacionado con el tema de la lactancia me parece muy cómico.
Tenemos la tremenda suerte de que Antonio es autónomo (y su propio jefe) por lo que puede trabajar desde casa en muchas ocasiones y nos hemos organizado de manera que yo trabajo por las mañanas y él por las tardes. Así que no tendremos que llevar a Mia a la guardería al menos de momento (bien de virus que nos vamos a ahorrar)
Ya estamos a jueves y he de decir que no ha sido tan duro. Todo depende de la actitud con la que afrontes la realidad. He vuelto pensando en positivo, con ganas de ser productiva y no estar todo el día con la teta fuera.

 

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Y por supuesto, con esta foto en el fondo de pantalla de mi móvil, porque con solo mirar esa sonrisa, ya me animo pensando que a partir de las 15h voy a poder achucharla y comérmela a besos.
Desde aquí quiero animar a todas y todos los que os tenéis que incorporar después de haber tenido un hijo a pensar en positivo para así llevarlo mejor. ¡Es duro pero se puede!

 

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