Luz tenue, un Cosmopolitan y una gran ciudad. Con esta mezcla explosiva trasladé mi mente al desfile de Alexander Wang en New York.

Imagino cómo los focos iluminan mi rostro y mi bloc de notas frío como el hielo deja ese blanco inmaculado.

Despierto y me encuentro situado en el front row del show más oscuro que he visto en toda mi vida. Alexander Wang jamás deja de sorprendernos, y como nos tiene acostumbrados, el negro ha sido el color estrella. Mucho grunge, mucho punk y mucho calzado con plataforma al más puro estilo ochentero.

En todos los looks del maestro Wang pudimos apreciar aplicaciones metálicas, lo que aporta un poco de luz a este vestuario. No todo era el outfit, la caracterización de las modelos fue de diez. Caras hoscas con hebras en el pelo mojado que se enredaban mimetizándose con el ambiente.

Wang describe la colección como una mezcla de los ochenta con detalles de otras décadas, como por ejemplo, la época Victoriana. Tachuelas metálicas, reloj con cadena, botones de latón, clips metálicos… Todo servía para rematar la estética grunge de Wang.

Wang siempre relata cómo la escuela Parsons le forjó como artista, lo que jamás pudimos llegar a imaginar es que este joven diseñador fuese capaz de reinventar el pasado. La Estatua de la Libertad se ha arrodillado una vez más ante él.