Lo que pasa en una gala de premios se queda en una gala de premios, valga la redundancia. La única verdad sobre esta frase es que es una completa mentira. El primer contacto de un artista con una alfombra roja es tan importante como la despedida al salir del evento. Las miradas están puestas en cada uno de las asistentes desde el minuto cero en busca de cualquier paso en falso –caídas y tropiezos incluidos-Da igual que el mejor diseñador haya firmado tu modelito o que te hayas tirado tres horas en el taller de chapa y pintura… los astros son muy caprichosos y pueden alinearse fastidiándote la noche. 

El último desfile de famosos esta semana se ha dado en los míticos Brit Awards, y si, digo esta semana porque las cartas han decidido que un sarao como los Oscars era muy poca chicha para estos 7 días. Una entrega de premios de cine por aquí, otra de música por allá y… ¡tachánhacemos doblete. Si no que se lo digan a Rita Ora que como si fuera reportera de Callejeros Viajeros no se ha perdido ninguna.  Si en el Teatro Dolby optó por enfundarse un Marchesa especialmente diseñado para ella, al otro lado del charcoen el 02 Arena, se plantó con una especie de mono-falda de Zuhair Murad.

La lista de asistentes a la noche londinense recogía cantantes de todas partes del mundo pero sobre todo británicos. ¿Casualidad? No lo creo, los ingleses son especialistas en reivindicar el producto nacional. Ellie Goulding espectacular en su sencillez, Marina Diamandis (and the Diamonds para los amigos) dando una master class en cómo ser una hortera –le perdonamos cualquier cosa-, Paloma Faith marcando estilo o Charli XCX enseñando pechuga. 

La políticamente correcta Taylor Swift –¡qué mona va esta chica siempre! hizo gala una vez más de esa perfección que la hace casi odiosa y lo rentable que le sale su estilista con un Roberto Cavalli que la sentaba genial blahblahblah… aburridamente perfecta, vaya. La frescura vino de la mano de la modelo Cara Delevingne que aunque parecía que venía de dar una vuelta por el Hyde Park encandiló al personal con su sombrero

El clásico estilo británico en forma de esmoquin fue el recurso de los hombres, que reafirmándome en mi teoría del post anteriorson unos aburridos. El victorioso Ed Sheeran se subió al escenario a recoger sus premios comomejor solista británico y mejor disco del año con un traje negro y zapatillas. Por otro lado, su compañero en laslistas de éxitos en medio mundo, Sam Smith, se decantó por un traje azul más azul que el mar de Christian Castro. El  puntazo en cuanto a estilo –para bien o para mal- en el bando de los hombres lo marcó el floripondio que llevaba en el pecho Nick Jonas.

La noche apuntaba maneras, había algo en el ambiente, se nota, se siente…¡Madonna estaba presente! La cantante iba a cerrar la gala y la expectación era máxima: miles de personas llenaban el estadio, millones de telespectadores veían el evento por televisión y otros tantos seguían el streaming online, ¿Qué podia salir mal?… La reina del pop se cayó rodando. Si te vas a dar una hostia histórica hazlo con clase y llama a Armani para hacer los honores. Un par de segundos fueron suficientes para que la artista se quitara su capa a destiempo y que uno de los bailarines tirara de ella sin saber que estaba a punto de perder su último trabajo. Inmortal como un vampiro la cantante no murió en el intento y finiquitó la actuación, suponemos que el momento chupasangre al culpable tuvo que venir luego en el backstage. 

Lógicamente lo que menos importa de una gala de premios son los ganadores. El mal de ojo que debió echar Lady gaga a la cantante hizo efecto y todos los medios de comunicación se hicieron eco del tortazo al día siguiente. El hastagh #Madonnaathebrits se convirtió en trending topic mundial y a los pocos minutos ella misma se encargó de apaciguar las aguas en Instagram. La artista eclipsó al resto de invitados y se hizo con toda la atención mediática. Aun seguimos hablando de ella que, a fin de cuentas, es lo que quería… ¿no?