Nunca sabes lo que pasará mañana, así que al igual que no hay que reservar los vinos caros para ocasiones especiales (de hecho, ya estás tardando en abrir y brindar con un buen Ribera porque sí, porque te lo mereces, porque es jueves o porque te apetece), tampoco tienes que guardar tu mejor ropa interior en el cajón. Mari, larga vida a envolverte en encajes y sedas y pena de muerte para las tan incómodas, opresoras y anti-eróticas fajas de color carne.
Además, querida ponte en lo peor e imagínate que tienes un accidente, y que en el hospital te atiende un médico igualito a Patrick Dempsey. Sí, lo sé, es mucho imaginar… Pero, oye, que a mí un día en Urgencias me atendió un médico guapo, bueno vale, igual sólo era joven… A ver, lo mismo era una enfermera así un poco robusta que se llamaba Encarni, pero es que yo tengo unas fiebres muy altas y a veces me cuesta diferenciar los delirios de la realidad. A lo que iba, que me disperso, ninguna queremos que se nos recuerde como la chica de las bragas feas. Además, los médicos tienen el listón muy alto en lo que a lencería se refiere, todas las abuelitas del mundo guardan sus mejores galas íntimas para ellos en lugar de para sus maridos.
Ahora, ponte en lo mejor, imagínate que se alinean los planetas y que Alberto el de administración (ese que te tiene enamorada porque no escribe faltas de ortografía en los WhatsApps y que es tan alto, tan moreno, tan guapo, tan educado y tan buen candidato a ser el futuro padre de tus hijos) te sugiere tomar una copa después del trabajo. Tantos meses soñándolo en silencio y resulta que el destino caprichoso te pone en bandeja al zagal precisamente el día que has tenido que coger del fondo del cajón tus últimas braguitas limpias, sí, esas tan feas, las de la gomilla suelta. Eso sí que es una tragedia de dimensiones estratosféricas y no que a la batería de tu Smartphone le quede un 3%.
O imagínate que tienes un día de lo más cinematográfico, y te marcas un cruce de piernas a lo Sharon Stone en Instinto básico o una rejilla de ventilación te juega una mala pasada como a Marilyn Monroe en La tentación vive arriba, que al menos tus bragas sean bonitas. Olvídate de ir en plan comando, siempre, repito, SIEMPRE, hay que llevarlas. Sobre todo si eres fan incondicional de las minifaldas y le das al Jäger.
Así que te sugiero que, en cuanto llegues a casa, hagas limpieza y tires a la basura: cualquier braga de algodón (sobre todo si es de color carne), cualquier culotte con estampados de Hello Kitty o similares (¿cuántos años tienes? ¿Siete?), cualquier tanga (no le quedan bien a nadie, ni siquiera a esas que tienen cuerpo de ángel) y cualquier braga de talle alto (ese toque retro que a ti tanto te gusta a ellos no les pone nada, es lo más parecido a llevar lencería metálica con candado de castidad).