“Adiós jamón. Hasta pronto Sushi. Querido Vino, os echaré mucho de menos…”

 

Una de las malas noticias que me dieron en la primera analítica de embarazada era que no había pasado la toxoplasmosis.

 

“Ajá, muy bien ¿y?”
“Pues que no puedes comer jamón serrano.”
“¿Algo más?”
“Ni carnes crudas o poco hechas. A eso súmale que tienes que olvídate del sushi o cualquier tipo de pescado crudo o ahumado por un bichito llamado anisaki. Nada de quesos ni lácteos que no estén fabricados con leche pasteurizada por el tema de la listeria. Evita los pâtés y foies. Nada de salsas porque pueden llevar huevo crudo por la salmonelosis. Ah y lava muy bien la fruta y la verdura. Olvídate de los zumos que se venden refrigerados y nada de cafeína ni teína…
Por supuesto el alcohol ni olerlo”
“Perdone, ¿puedo suicidarme ya? Gracias”

 

Al principio vas a los sitios a comer y atosigas al camarero a preguntas, a las que alguna vez contestan con cara dudosa y dices, “mira, prefiero no arriesgar porque no te veo muy seguro de lo que me dices” Luego sufres una etapa en la que piensas que es mejor no volver a salir a comer a la calle. En casa te obsesionas leyendo la letra pequeña de todo lo que comes. Relax, que no hay que panicar. Por ley, en ningún negocio pueden venderte ya nada de pescado que no haya sido congelado previamente. La misma toxoplasmosis, el mismo anisaki o la misma salmolenosis que me puede entrar a mi le puede entrar a cualquiera y al restaurante le puede caer un paquete que pa’qué! Por lo que con evitar el jamón crudo (en pizzas o cocinado si se puede comer), asegurarte de que las carnes estén bien hechas, pasarte al café descafeinado y la infusiones de roibos, evitar sitios que no transmitan mucha salubridad, etc.. Ojo también con los postres. Aquellos que son caseros y preparados con huevos crudos también mejor evitarlos.. Quizá lo que más me haya costado abandonar ha sido el alcohol y no, no es que sea una borracha, pero soy amante del buen vino… Adiós con la manita! Por fortuna existen opciones sin alcohol para la cerveza (ojo que sea 0,0%, ya que la SIN algo de alcohol tiene…) y el tinto de verano, aunque no es lo mismo…
En definitiva, tampoco es tan grave. Son solo unos meses y (repite conmigo).. “SE PUEDE VIVIR SIN ELLO”.
Es verdad que en esta etapa él hambre se apoderó de mí. Era un pozo sin fondo pero como no quería ponerme del tamaño del globo terráqueo, procuré calmar ese agujero negro del estomago a base de frutas, verduras, comidas cada 3 horas pero no en grandes cantidades, bebiendo mucha agua al día y llevando siempre un puñado de nueces en el bolso por si me hacía vacío el estómago. Me salvaron más de una vez y además me daban la energía necesaria para acabar el día sin arrastrarme como un invertebrado. Menos mal que está locura solo duraría durante el primer trimestre, sino acabaría comiéndome a mi chico por los pies…