Es curioso pero una de las primeras palabras que se aprenden cuando eres bebé es NO. O por lo menos eso le ha pasado a Mia. Lo dice todo el rato y ya es consciente de lo que significa y sus consecuencias: cuando dice que NO, algo que ella no quiere, no ocurre. Parece sencillo ¿no?

Cuando ya no quiere comer más de algo, dice No.
Cuando le dices que debe dormir y prefiere jugar, dice No.
Cuando nos tenemos que ir del parque pero ella quiere seguir allí, dice No.
Cuando le pides un beso y no le apetece, dice No.
Y no le reprimimos por ello, ni hacemos que nos ponemos tristes, ni le decimos que ya no le queremos. Si ella no quiere, es no y punto.

Esto es muy típico y lo he escuchado cientos de veces. “¿No me das un beso? Pues ya no te quiero“.. O “Pues ya no te doy el regalito” “Venga, dale un beso...”

Hay que enseñarles a decir que no, y respetarlo. Para que el día de mañana sepa decir que no con firmeza y no pase nada.
De adultos a veces parece que nos cuesta decir que no a las cosas.

Y a raíz de las últimas noticias que están saliendo sobre hombres que abusan de chicas de una manera u otra, a Antonio y a mi se nos plantearon cientos de dudas… Obviamente no podemos hacer que en la vida de Mia no se cruce ningún hombre malicioso, baboso, acosador o abusador. Pero si podemos educarla haciéndola una mujer fuerte y con la conciencia clara de que nadie jamás podrá forzarla a hacer algo que no quiera. Ya lo comentaba en el post del día de la mujer, creo que está en nuestras manos cambiar la sociedad educando a nuestros hijos en una igualdad que entiendan como algo totalmente normal.

Por eso, de la misma manera que le enseñamos que puede decir NO, le enseñamos a respetar a alguien que te dice No.

Obviamente no le consentimos todo lo que dice o pide por esa boquita de piñón, pero si que tratamos de respetarla y razonar con ella.
Aún no hemos sufrido los famosos pataleos de manera continuada, sólo alguno esporádico. Pero aún así intentamos siempre que entienda el porqué de las cosas.

La educación de la sociedad empieza en los pequeños.
Hay que inculcarle los valores que queremos que respeten desde pequeños y esa tarea nos corresponde a los padres.
Quiero que Mia viva en una sociedad en la que por ir a ver una peli a casa de un chaval no signifique que tenga que acabar acostándose con él si no quiere, o que tenga que aguantar gritos de tíos babosos si un día se viste de una manera o de otra.
Libertad. Libertad y respeto. Parece sencillo… ¡Es sencillo!