¡Ay, Mari! Ya no queda nada para que termine la Navidad, a Dios gracias, porque una ya empieza a estar de la familia hasta la coronilla (y es que ante abuelas no hay excusas que valgan para escaquearse de cenas y comidas) y tu cuerpo ya está empezando a asimilar a la perfección el alcohol, por lo que emborracharse cada vez es más complicado, con lo que ya no hay anestesia que amortigüe tanta reunión familiar.

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Depende de tu situación, seguramente ya habrás afrontado los clásicos de estas fechas: “La hija de la Paqui está embarazada otra vez, tú como no te eches novio pronto se te va a pasar el arroz”, “¿En qué dices que trabajas ahora?”, “¿Has engordado, no?… Mari, ante esto, lo mejor siempre es fingir la mejor de tus sonrisas, mirar hacia otro lado y salir del paso con aquello de “¿Dónde vas? Manzanas traigo” encendiendo la chispa que haga detonar esa bomba de relojería. Prueba a sacar el tema del pequeño Nicolás, de Urdangarín, la Pantoja o Podemos, el que más rabia te dé y cómete los canapés tranquila, ya no eres el centro de atención. Aunque no debes bajar la guardia, como te despistes un poco tu tía Asun va a empezar a recordar tu anécdota familiar más bochornosa, algo que ya se ha convertido en toda una tradición navideña. Tú, como quién oye llover, sírvete otra copa de vino y asegúrate de dejar la botella bien cerca. Entre tu familia sacando todos tus trapos sucios y Ramón García y su capa, cada 31 de diciembre te parece un déjà vu.

Y es que lo que te han vendido toda la vida como una de las noches más épicas y legendarias del año es una gran mentira… ¿Quieres saber por qué?

1. Para empezar, cuando tienes grandes expectativas sobre algo, esto acaba siendo un auténtico coñazo. Cuántas veces nos han recomendado una película brutal y cuando salimos del cine nos da la sensación de que nos ha invadido el espíritu de Boyero, porque a lo que unos llaman genialidad, nosotros no podemos ni llamarlo película, sino una sucesión de planos mal ejecutados y orquestados. Así que si quieres una Nochevieja inolvidable, no esperes gran cosa.

2. Las 12 uvas de la suerte. Empezar el 1 de enero rodeado de tus familiares con la boca llena pronunciando a duras penas “¡Feliz año!”, quizá no llega a la categoría de ridículo o patético pero suerte lo que se dice suerte, pues como que no… Además, no sé tú Mari, pero yo algún año casi muero por atragantamiento.

3. Lencería roja. Otra tradición que no se sabe muy bien de dónde viene. ¿A quién le queda bien ese color con lo blancuzcos que estamos por estas fechas? Siempre podemos decantarnos por el Marsala, que es el color del año 2015 según Pantone.

4. Ropa de fiesta. Un post aparte merecerían los horrores estilísticos con los que algunos salen de casa ese día. Otra razón más para darse al alcohol, a no ser que quieras arrancarte los ojos con tanta lentejuela, glitter y brilli-brilli.

5. Líneas colapsadas. Más vale que hayas quedado con tus amigos en determinado sitio a determinada hora a la vieja usanza, es decir, con antelación, como se hacía en la era.