No te estás volviendo loco, tranquilo. No estás solo en esto ya que todos estamos pasando por lo mismo. El buen tiempo está dando porrazos en la puerta deseando entrar en nuestras vidas y no hay manera de decirle que no. Las ganas de irse a tomar algo fresquito con tus amigos se apoderan de ti como si fueras la niña del exorcista y eso no hay cura ni sacerdote que lo remedie.

No soy doctor pero me atrevo a diagnosticar que padeces el síndrome del entretiempo. Una enfermedad muy común en esta época del año en la que pasamos de una estación a otra. Esa frontera en la que además de saludar a la primavera en todas nuestras redes sociales nuestro armario se convierte en un agujero negro. No hace frío pero tampoco calor, no es blanco pero tampoco negro… el gris toma protagonismo y los extremos desaparecen: nos encontramos en plena democracia climática.

Aunque honestamente somos más partidarios de su digievolución, el buen tiempo a secas, este período del año también tiene sus ventajas. La primera y fundamental es que nos encontramos en el momento perfecto para vestir como un cuadro sin que a nadie le importe, básicamente porque todo el mundo está pensando lo mismo que tú: ¿Qué me pongo?

El truco de asomarse por la ventana para ver como va vestida la gente tiene menos credibilidad que una foto de Anna Allen en los Oscars. Tu vecindario es raro de por sí -en esta etapa más aun- así que no te fíes de lo que lleven puesto. El ejemplo más claro lo encontrarás al montar en tu ascensor y compartir el metro cuadrado con un esquimal al lado de Pamela Anderson. Todos tenemos una vecina que se parece a la vigilante de la playa más choni de la historia y lo sabes.

El riesgo de convertirte en tu propio hombre del tiempo e ignorar la predicción de la aplicación de turno es demasiada responsabilidad para ti, pero te da igual, tu vives al límite. La cuestión no es que hayas perdido facultades, simplemente el café te ha destemplado y conseguir adivinar a esas horas de la mañana si hará frío o calor es como descifrar si la Mona Lisa está feliz o triste en su cuadro.

El caso es que has logrado salir a la calle con lo puesto y ya no hay marcha atrás. Lo confieso, has hecho bien en volver a sacar las gafas de sol del cajón porque ocultan la cara de dormido que tienes por las mañanas -Karl Lagerfeld solo hay uno y de momento no busca dobles-. El sol aprieta lo suficiente -sin llegar a ser ácido sulfúrico- y con un poco de suerte podrás pillar ventaja a ese amigo que en verano siempre está más moreno que tú. No te pases, Donatella. 

El fresquito veraniego es muy placentero y solo falta un poco Henry Mendez en tus oídos. Las listas preparadas de Spotify parecen haber sido compuestas canción por canción para tí y hoy no hay quien pueda contigo. No es una campaña de Pepe Jeans, no eres modelo, probablemente vayas hecho un cuadro… pero tienes la actitud. Anímate,  el resto del día está en tus manos.