Se han repartido flyers por doquier para una hormona-party en mi cuerpo y yo sin enterarme.

Si ya nos volvemos un poco más locas cuando nos toca la visita de la prima “Menstru”, imagínate ahora que lo que tengo en mi cuerpo es una rave hormonal ilegal que se ha ido de las manos. Mi cuerpo está cambiando y no es para menos… ¡Estoy fabricando un ser humano! Desde casi el primer día el aumento de mis pechos fue notable… ¡¡O sobresaliente!! Hasta ahí bien porque tampoco tengo muchísimo pecho así que verme de repente con semejante escote sin pasar por quirófano, pues oye chica, que te alegras y todo.

Ahí acaba lo bueno– pensé al principio – Me voy a poner inmensa, se me estirará la piel y me saldrán estrías, se me hincharán los tobillos y me convertiré en una albóndiga gigante con patitas… Vamos, ¡un cromo!”. Pero el secreto está en NO ABANDONARSE. Sigo siendo una mujer y quiero sentirme bien, guapa y a gusto conmigo misma. Así que decidí no rendirme a los brazos de la pereza. Me compré una crema antiestrías que me aplico todos los días como rutina tras la ducha. Eso me dará la suficiente elasticidad para evitar las típicas grietas rosas asociadas al aumento repentino de peso y estiramiento de la piel: las temidas estrías. Hay muchas en el mercado y algunas son muy caras. A mí, una amiga me recomendó Trofolastin y me va bien, ni una estría de momento. Pero es verdad que hay gente que no soporta su olor. Al final lo importante es estar muy bien hidratada, así que si no te quieres gastar un pastizal o no soportas el olor, la Nivea de la lata azul de-toda-la-life también es maravillosa. Eso y beber 2 litros de agua al día. Sí, sé que parece complicado, pero hay que intentarlo. Siempre llevo una botella de agua pequeña en el bolso y procuro beber mucha agua en las comidas. Menos en la cena, para no levantarme 30 veces durante la noche a hacer pipí. Si, hija si,… eso me ha pasado. La vejiga parece que se reduce al tamaño de un tapón y estoy casi más tiempo sentada en el water que de pie.

¿Y esos vellos negros que salen donde antes no había?… ¿Por qué zeñó? Para colmo no es recomendable ningún tipo de depilación láser o cera caliente. Solo se pueden utilizar las cremas depilatorias, la cera fría o las pinzas… ¡Estaba perdida! Es horrible tener que repasar a diario pinza en mano los lugares más recónditos para quitarte ese pelo negro y solitario que sale de la noche a la mañana… “¡¡Hey, tú ayer no estabas ahí!!
Otra maravilla producto de las hormonas es que me empezaron a salir algunos granitos, como si de repente volviera a tener 15 años. Lo bueno es que esto solo me ocurrió durante el primer trimestre.

¡Ah! por cierto, los pechos siguen creciendo, por si no lo había comentado. Y la aureola comienza a ampliar también su tamaño y a tener un color más oscuro, pasando de galletita María a galleta oreo… ¡Precioso!

Lo más importante ante esta situación de cambio es no dejar de sentirse guapa. Así que no he dejado de maquillarme, he intentado cuidarme el pelo, ponerme ropa cómoda pero mona a la vez…

Una de las mejores decisiones que tomé fue cortarme el pelo, ya que estaba superando una etapa en mi vida en la que sufría adición al decolorante y a los pelos de colores… Lo he tenido blanco, gris, rosa, lila, mandarina.. ¡Me estaba pidiendo un saneamiento a gritos! Así que corté por lo sano (nunca mejor dicho). Eso sumado a que no es recomendable teñirse durante el embarazo, hizo que abandonara tal “adicción” (de momento). Elegí un corte tipo bob que me facilitaba mucho a la hora de peinarme por las mañanas. Además una cosa buena que tiene esta fiesta de hormonas en mi cuerpo es que me mantiene el pelo mucho más tiempo limpio, por lo que es un gustazo.

Tengo la suerte de que no estoy reteniendo líquido ni hinchándome, así que puedo seguir usando mi ropa y mis zapatos casi de manera normal. Lo que si que ha desaparecido es mi cintura y he notado como mis caderas han empezado a redondearse. Pero es verdad que de espaldas, no parece que esté embarazada. Sólo cuando me pongo de lado se me aprecia la barriguita.

Y con todos estos cambios pensaba… “Ahora que soy un “pastelito”, mi chico no me verá sexy…” Pero me equivocaba . Y para demostrarme que él me veía preciosa me hizo una sesión de fotos (ventajas de tener un marido fotógrafo😉) en la playa luciendo barriguita… Y aunque ahora haga ya mucho frío, me resulta cálido recordar lo bien que lo pasamos haciendo las fotos en una playa de Zahara de los Atunes en Cádiz, cerca de donde nos casamos hace ya más de 2 años. Sin duda un lugar muy importante para los dos y quería compartirlas con vosotros porque me encantan.

¿Así como no voy a estar orgullosa de mi barriguita de embarazada?

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