Vale que siempre renegamos de ellos, ¿pero qué sería la Navidad si no la compartieses con tu cuñado? Además, él lleva todo el año preparándose para su gran actuación estelar, la noche del día 24 de diciembre (o en su defecto la del 31), no puedes defraudarlo y además debes mostrarte como un público agradecido. Y es que poner un cuñado esta Navidad en tu mesa, significa, además de mucha paciencia y benevolencia por tu parte, una velada amena. Mari, piénsalo fríamente, qué sería de esas reuniones familiares (con abuelos, tíos, primos, padres, hermanos, rolletes-de-turno…), sin los cuñados. Pero no sólo de amenizar vive un cuñado, en lo que dura una cena él te instruye en:

1. El vino.

Si sabes de taninos y buqués es gracias a él. Dice que en otra vida fue sumiller profesional y que con un poco de entrenamiento podría ser nariz de oro. Y justo después de eso suelta la frase de todas las Nochebuenas: “¡Menudo despiste! Me acaba de llegar a casa una caja de Ribera del Duero, que me lo envían desde la propia bodega y se me ha olvidado traerlo”. Pues chico yo no soy de paladar exquisito, así que con tal de que haya alcohol en la mesa (la única manera de hacer menos insoportable estas veladas familiares es dándose a la bebida), a mí me da lo mismo si es cerveza, vino peleón o Moët & Chandon.
2. La moda.

Ay Mari, tú que le estás pagando la universidad a todos los nietos de tu kioskero, que cada mes te dejas un buen pico en revistas de moda, hasta la Vogue australiana le dices al hombrico que te pida… Para que llegue tu cuñado y en la cena de Nochebuena te casque (vistiendo pantalones sobaqueros cual Cachuli) que él está hecho todo un trendsetter y cuando no, un early-adopter, en lo que a moda se refiere porque “el menda” (sí, es un cuñado si se refiere así a sí mismo) ya llevaba bigote antes de que todos se lo empezasen a dejar el mes pasado. Querida, no intentes explicarle eso del Movember, es inútil.
3. La salud y el deporte.

Antes de los aperitivos, tu cuñado ya espetará eso de que no cenará mucho porque es runner y se está preparando para la San Silvestre. Y por mucho que su suegra lleve todo el día cocinando, él con la mejor de sus sonrisas le dirá que no toma carbohidratos por la noche (entre otras muchas lindezas) y que ahora hace dieta paleo. A lo que tu madre, mientras frunce el ceño, replicará que parece un gremlin con tanta prohibición, y que ella lleva todo el día en los fogones, así que quien se quiera hacer un huevo frito o lo que sea, que se lo haga, que ella no tiene el chichi pa’ farolillos.

4. La tecnología.

Si hay algo de lo que un cuñado presume (además de coche nuevo los 5 años siguientes a su adquisición) es de estar a la última moda en lo que a gadgets se refiere. Él siempre tiene un amigo de un amigo (ríete tú de la agenda de contactos del pequeño Nicolás) que por 4 duros le consigue el último berrido en cualquier nuevo aparatito tecnológico que salga al mercado. A lo que tú te preguntas: “¿Para qué?”… Pues para freírte a chistes en cadena vía WhatsApp, DM’s en Twitter, publicaciones en Facebook… Vamos, lo que viene siendo dar por saco de toda la vida, pero con tecnología de por medio.
5. La actualidad.
Política, deporte, la reforma del polideportivo del barrio… Da igual lo que sea, él siempre argumenta lo mismo: “Yo no soy un experto en la materia, pero…” y en 5 minutos, tan sólo haciendo “chas” con sus dedos, solucionaría el problema del paro y nos sacaría de la crisis a todos, entre otras muchas cosas. Si encontrase un puesto de trabajo denominado “solucionador de marrones”, él se postularía sin dudarlo. ¿Te acuerdas del Señor Lobo, el personaje que interpretaba Harvey Keitel en Pulp Fiction? Pues sin duda, Quentin Tarantino se inspiró en su cuñado.