Mientras estás dando el pecho estás segura de que le estás dando lo mejor a tu hijo pero tras el destete, ¿cuál es la mejor leche?
La leche artificial o de fórmula.
En el mercado hay muchas opciones, tantas como miedos te pueden surgir a la hora de elegir una.
Es cierto que son fórmulas fabricadas para poder dárselas a tu hijo desde el nacimiento pero ahora empiezan las dudas: ¿de vaca o de cabra? ¿Sin lactosa? ¿Biológica? ¿Sin aceite de palma? ¿Especial AR (Anti Regurgitación)? ¿con DHA? WTF?
Las latas que venden siempre son de 800gr y carísimas, y si no le sienta bien… a la basura! Dolor en el pecho… Por suerte están las muestras que encuentras en las canastillas, aunque tampoco te dan para mucho.
Nosotros, como no había ninguna indicación por parte del pediatra, empezamos con una leche de inicio normal, con base de leche de vaca. He podido probar Blemil, Nutriben y Enfamil, y aunque en Mia no he notado especial diferencia, prefería Nutriben (pero ojo, la que especifica que no lleva aceite de palma).
Lo suyo es probar primero con una lata de 400gr. (que en proporción es más cara aún, pero si la tienes que tirar te duele menos) y si todo va bien, pasar a la de 800gr.
Casi al final de la lactancia materna con Mia ya alternaba biberones de fórmula con pecho. Por eso pude ir probando que le fuera bien.
Sinceramente me parecen un retraso, porque el proceso de preparación es muy lento. Lo primero es que te vienen medidas de biberones grandes (180ml o 240ml) por lo que no “puedes” hacerlos más pequeños y a veces se tira mucha leche. (Puedes si sacas la proporción, en plan si son 240 de agua con 8 cazos pues ya sabes que 120 son 4. Aunque esa opción no está confirmada en ningún lado) Y porque, por supuesto, los fabricantes indican que esa leche no la puedes guardar de una toma a otra (aunque yo sinceramente lo he hecho, porque me daba mucha pena tirarla).
Hay que hervir el agua y dejarla reposar entre 5 y 30 minutos. Luego echar los cazos de polvos y ahora esperar a que se enfríe hasta una temperatura que no le pele la boca por dentro al bebé. Todo eso hazlo con un ser reventándote el tímpano a gritos y los nervios de pensar que eres la peor madre del mundo porque tienes a tu hijo a punto de morir de hambre… vamos, lo que viene siendo la media hora más larga de tu vida.
La leche de inicio está recomendada hasta los 6 meses, a partir de entonces hay que pasar a la de continuación. Pero lo cierto es que leí que la diferencia entre ambas leches es solo la cantidad de proteínas que tiene. La leche de vaca tiene demasiadas proteínas y los bebés no pueden asimilarla. La de inicio es la que menos tiene y la de continuación tiene un poco más, además que las marcas tienen prohibido anunciar las leches de inicio, pero no las de continuación. Y que por supuesto no pasa nada por mantener la de inicio hasta el año. Y así lo hice, hasta que un día la farmacéutica me convenció (entre otras cosas porque me dijo que eran más baratas). Todo esto lo leí en este artículo.
Y llegado al año, volvieron las dudas. Ya le podía dar leche de vaca pero… ¿y las leches de crecimiento? ¿Qué es mejor?
Las leches de crecimiento.
Sin duda son un avance porque es mucho más sencillo de preparar. El abrir un brick, verter y calentar al micro es una maravilla… El problema es que los niños a partir del año necesitan la grasa de la leche, por eso debe ser leche entera. Y estas leches de crecimiento están hechas a base de leche semidesnatada a la que le añaden luego cosas (y mucha azúcar, bien de aceite de palma, etc…) ¿para qué? Pues la verdad, para eso mejor le doy una buena leche entera de vaca y punto.
Es verdad que a partir de los 8 meses, empezamos a introducirle en la alimentación algunos derivados de la leche, como queso blanco o yogures… por lo que estábamos casi seguro de que la leche de vaca le sentaría bien. Así que al cumplir el año, empezamos a combinarle biberones de fórmula con otros de leche de vaca entera.
A algunos biberones de la mañana y la noche le añadimos cereales, pero ya se toma los biberones de leche que da gusto verla…