08:00 a.m., suena el despertador y por inercia le doy al botón mágico de “5 minutitos más”, que al final terminan siendo 15 o 20… Pfff, ya voy tarde, ¡qué desastre! Un café rápido mientras consulto Twitter y ojeo algún periódico digital, me lavo la cara, los dientes, me maquillo, hago lo que puedo con el pelo, me visto rápido sin pensar mucho, blusa y falda lápiz, reviso varias veces el bolso y compruebo que llevo cartera, llaves y móvil. Tengo un ligero TOC, que también me hace revisar varias veces que he apagado la plancha del pelo… Antes de salir por la puerta me miro frente al espejo de la entrada para ver si el maquillaje necesita algún retoque y entonces me doy cuenta… ¡Dios, me he convertido en mi madre! ¿En qué momento me ha parecido buena idea salir así vestida para ir a la oficina? Mari, está claro que hasta el segundo café del día mi cerebro no trabaja a pleno rendimiento. Vamos a ver si podemos arreglar este desaguisado. Fuera uniforme de funcionaria triste y gris.

Abro el armario, me quedo mirándolo un buen rato para ver si me habla, pero nada, debe de ser tímido. Empiezo a sacar ropa y a hacer mil y una combinaciones posibles:

-Uy, ya no me acordaba de que tenía este vestido. Es ideal. A ver si me vale… Umm. Igual si se le coge un poco el bajo… No, hay que ajustarlo de aquí, subirlo de allá… Vamos, que me va a salir más barato comprar uno nuevo. Descartado.

-Unos jeans rotos y una sudadera… Umm. ¿Y si le meto un maxi collar de esos de pedrería? Me parece que por muy chic que pretenda disfrazar el rollo sporty, sigue siendo demasiado informal para un jueves. Quizá podría servirme para un viernes… Mañana ya veremos, hoy descartado

-Vale, ya lo tengo, me pondré la falda de polipiel con la blusa de gasa negra. Ah, vale, esa blusa está en el cubo de la ropa sucia. ¡Genial! ¿Y no tendré otra cosa que le vaya? ¿Una camiseta básica blanca? Umm. No, no me acaba de convencer. Descartado.

-¿Y esta camisa? No es mía. Es más, es de chico, ¿qué hace aquí? O igual debería preguntarme ¿de quién es y por qué ha aparecido en mi armario? Definitivamente tengo que dejar el Jäger. Aunque la camisa es mona, a ver qué tal me queda. No, el rollo tomboy a lo Diane Keaton no me va nada. Descartado.

-Parece que el día está medio primaveral, así que puedo ponerme ese vestido blanco de guipur que me compré el otro día, con unas sandalias… ¿Sabes en qué consiste la Ley de Murphy, verdad Mari? En ese momento el entretiempo va a jugarme una mala pasada, sólo tengo que correr la cortina para descubrir que… ¡Bingo! Ha empezado a llover. Descartado.

-Bueno, ya está. Vayamos a lo seguro, caigamos en lo fácil. A estas alturas ya estoy desesperada, así que me pondré un little black dress. ¡Será por vestidos negros! Ocupan más del 80% de mi armario… A ver, no, este es demasiado escotado. Éste sería perfecto sino fuera tan corto. Éste otro no, no me dice nada. Éste es demasiado festivo. Umm, muy aburrido. Muy temporada pasada. Muy de princesita. Muy de sábado por la noche. Muy de catequista mojigata. Muy de funeral… Vale, necesito urgentemente un LBD nuevo.

Y es en este preciso instante cuando se da la fatídica paradoja de que a pesar de tener el armario hasta arriba de ropa, no tengo nada que ponerme. Mari, ahora mismo voy a llamar a la oficina. Necesito pedir el día libre, asuntos propios o gastroenteritis, ya veré qué le cuento al jefe. “Tengo que ordenar el armario e irme de compras” no creo que le sirva como justificante.