Mari, hay días en los que abres una revista y sólo puedes odiar muy fuerte a otras féminas, como Diane Kruger o Siena Miller. Esas chicas no son de este planeta, si hasta salen perfectas a comprar el pan o a pasear al perro, ¿cómo lo hacen? ¿Y qué me dices de Taylor Swift? Esa muchacha es la fotogenia personificada, jamás protagonizará un momentazo aarg porque ella es ideal, EVER.

Vale que las celebrities viven de su imagen, y que seguramente le dedicarán unas dos horas diarias al gym, se matarán de hambre y se gastarán tu sueldo anual en tratamientos estéticos para rejuvenecer la piel. Mientras tú… Tú… Sales a correr por el parque (cuando tienes tiempo, o sea, nunca), intentas llevar una dieta sana (aunque las cañas y las tapitas del bar están haciendo estragos) y te haces un peeling (cuando te acuerdas).

Pero hay otra cosa que ellas tienen y probablemente tú no: un estilista. Y esto tienes que arreglarlo ya. Mari, pon un estilista en tu vida y jamás te arrepentirás. Él te asesorará en cuanto a peinado, maquillaje, colores, estilos… Él conoce marcas de moda y diseñadores de los que tú no has oído hablar en tu vida. Conoce un millón de tiendas online y mientras tú utilizas los bares como puntos de referencia de la ciudad, él se ubica en base a zapaterías. Así que no te queda otra que subirlo a un pedestal y convertirlo en tu gurú personal. Es tu nuevo mejor amigo y no vas a querer despegarte de él, NEVER.

Porque chica, reconócelo, hay cosas que aunque te las digan tu madre o tus amigas, para ti no tienen el mismo valor que si te las dice un experto en la materia. De la misma manera que no dejas el tabaco hasta que no te lo recomienda el médico, tampoco te alejas de un crop top hasta que no te lo sugiere tu estilista. Y es que, querida, hay prendas que por muy tendencia que sean no le quedan bien a todo el mundo.