Ya durante el embarazo y en las clases preparto nos estuvimos informando sobre todo lo referente a la lactancia materna ya que era algo que queríamos intentar. Digo intentar, porque conozco a mucha gente que no ha podido dar el pecho por diferentes razones. Yo tenía la esperanza de que pudiéramos hacerlo ya que en nuestra opinión además de que es el mejor alimento que se le puede dar a un bebé, es muy económico y práctico. Y después de vivir el primer mes la experiencia, puedo decir que es lo mejor que hemos hecho.

Todo empezó prácticamente a los pocos segundos de nacer Mia. En el paritorio, en el momento que nació y me la pusieron encima, piel con piel, comenzó a reptar sobre mí en busca del pecho. Era increíble verla con los ojos tan abiertos, la cabeza erguida y esa fuerza buscando desesperadamente y de manera instintiva su fuente de alimento.

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Durante las siguientes dos horas estuvimos así, ella mamando y yo mirándola. Y su padre mirándonos a las dos. Está claro que esas primeras horas aún no tenía leche. Lo que tenía era el llamado calostro, una especie de suero casi transparente que le sirve durante las primeras 48 horas de laxante para eliminar el meconio, que es como se llama a todo lo que le queda al bebé en los intestinos de líquido amniótico, lanugo, y muchas movidas más. Por eso los bebés durante los primeros días pierden peso, para luego recuperarlo en las siguientes semanas.

A los dos días y pico después del parto amanecí con los pechos como dos cántaras. Estaban tensos y muy duros por ciertas zonas, como si tuviera piedras. Es lo que se suele llamar la subida de la leche. La verdad es que a mí no me dio fiebre ni me hizo sentir mal, pero me dolían mucho los pechos. Tenía la sensación de que iban a explotar y si los masajeaba me salía un líquido blanquecino, pero nada más. ¡Ya tenía el alimento necesario para criar a mi pequeña Mia los próximos meses! El agarre en las primeras ocasiones no fue el más adecuado y me salieron unas pequeñas grietas en la unión del pezón y la areola. Pero poco a poco ambas aprendimos a hacerlo bien juntas. Trato siempre de ponerla al pecho cuando lo pide, evitando esperar a que llore desesperadamente, y durante el tiempo que ella quiera. Lo que se llama lactancia a demanda.

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Para aliviar el dolor de las grietas me habían recomendado aplicar después de cada toma un poco de mi propia leche por todo el pezón y la areola, para luego aplicar la crema Purelán, a base  de lanolin y dejar secar al aire. La situación era bastante cómica, verme por la casa completamente abrigada con las “compuertas” del sujetador de lactancia abiertas, pero eso hizo que fuera mejorando poco a poco.

Algunas de las adquisiciones que creo son fundamentales para una buena lactancia materna son por ejemplo el cojín de lactancia, que ayuda a estar sentada más cómoda y con la espalda más recta. Este cojín es una buena opción porque vale para muchísimas cosas. Durante el embarazo lo usé para dormir, colocado entre las piernas y apoyando la tripa. Y cuando no lo uso para dar el pecho, lo uso para dejar a la bebé en medio de nuestra cama a modo de valla de seguridad o incluso para realizar colecho y no tener miedo de aplastarla durante la noche.

Otra de mis adquisiciones fueron unas copas recolectoras. Se trata de una especie de concha de plástico duro por un lado y una membrana de silicona por el otro con un orificio en el centro para introducir el pezón y hacer presión en el pecho, por lo que la leche se va acumulando en la copa. Compré unas de la marca Medela en Amazon por 10,95€ pero luego encontré otras prácticamente iguales en Alcampo por 1€. Son muy prácticas para recoger los excesos de leche que se tienen a lo largo del día. Los discos absorbentes (otro de mis inseparables) evitan que estés todo el día manchando la ropa pero esa leche se desperdicia. Lo bueno de las copas es que puedes recogerla, almacenarla e incluso congelarla. Es increíble la cantidad de leche que recolectas de un pecho mientras estás alimentando con el otro. Lo único malo es que a veces se me olvida que las llevo puestas y al inclinarme hacia adelante se me vacían por los pequeños orificios de ventilación que tienen arriba. F*ck!

También decidí comprarme un extractor de leche. Tuve dudas entre hacerme con uno manual, eléctrico simple o doble… ¡vamos, que estaba hecha un lío!. Después de mucho leer y dudar más aún, me decidí por el modelo eléctrico simple de la marca Kinyo, que no tiene nada que envidiarle al de Medela, que vale el doble. Quería tener facilidades a la hora de sacarme la leche para que a partir del mes pudiera darle biberones su padre o quien fuera. Saber que depende tanto de mí hace muchas veces agobiarme al pensar que si por lo que sea me pasa algo y no puedo darle de comer, no podrían alimentarla de manera rápida. Así que empecé a congelar leche siguiendo las indicaciones de la web de La Liga de la Leche. Para congelarla me compré las bolsas con doble zip de Avent aunque hay muchos tipos y precios. Otra web muy práctica es e-lactancia.org, en la que puedes comprobar la compatibilidad de alimentos, medicamentos y más cosas con la lactancia.

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Ya hemos superado el primer mes con buena nota. Mia está cogiendo peso gradualmente y cada vez las tomas son más espaciadas en el tiempo. Siguiendo el consejo de la matrona, hemos probado a meterle biberones (de leche materna) una vez superado el primer mes y estar seguros de que había aprendido a mamar correctamente. Ahora también su papá puede darle de comer, algo que llevaba mucho tiempo queriendo hacer.

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En definitiva la lactancia materna no tiene porque doler. Si duele es porque algo no se está haciendo bien. Ya sea la postura que adopte la madre o la posición en la que coloque al bebé, así como el agarre que haga. Es importante que el bebé abra completamente la boca y que al mamar tenga ambos labios como plegados hacia fuera. Es una tarea complicada pero que con dedicación diaria, mucha calma y paciencia se puede conseguir. Es cierto que es importante para el bebé pero también he de decir que en mi opinión tampoco es algo fundamental. El vínculo madre-hijo se crea de muchas maneras y si no se puede dar el pecho, no se pierde esa oportunidad. Sino entonces los papás ¿qué pasa? ¿que no pueden crear ese vínculo?