Mari, ya sabes que no hay nada que nos guste más en esta vida que las etiquetas. Para saber si podríamos ser amigos sólo tendrías que decirme si eres de Mahou o de Estrella, de playa o de montaña, de pizza con o sin piña… No hay nada como combinar unas cuantas variables para conocer el grado de compatibilidad con otra persona. Aunque si de verdad quieres conocer al chulazo que acabas de ligarte en el after a las 8 de la mañana, sólo tienes que pedirle que se quite los pantalones.

-Bóxer suelto. Estás ante un chico de los de siempre. Un sujeto que desayuna cereales con fibra todos los días, come macarrones con tomate los martes y cena brócoli los jueves. Un zagal con una vida triste y anodina, cuya emoción más fuerte de la semana es la notificación de un nuevo seguidor en Twitter. Si te van los pisos de 70m² con hipotecas a 30 años, los domingos en casa de tu suegra y Marina d’Or es tu ciudad de vacaciones… ¡Enhorabuena! Habemus pareja-monótona-y-estable-de-esas-de-para-toda-la-vida.

-Calzoncillo por encima de los pantalones. O va más pedo que Alfredo (algo bastante normal teniendo en cuenta que lo has conocido a las 8 de la mañana en un after) o has encontrado a Superman. Sí, sí, Mari, los superhéroes existen, te lo digo yo, que en los carnavales pasados conocí a Batman, y claro, no me quedó más remedio que enamorarme. Lástima que un superhéroe se deba a la humanidad y tenga tan poco tiempo, porque le di mi número de teléfono y me dijo que ya quedaríamos. ¿Te puedes creer que el muchacho aún no ha tenido ni un minuto para llamarme? Sí, querida, lo sé, el mundo está fatal con tanto malhechor y villano suelto.

-Slip de color chillón. Es un tete o un nano de esos que habitan el Levante peninsular. Sus temas de conversación giran en torno a los batidos de proteínas, el peso que levanta y las series que hace. Sólo te enviará selfies con el torso desnudo por WhatsApp, aunque se agradece que no escriba, así al menos no te sangrarán los ojos. Mari, aún estás a tiempo, huye rápido sin mirar atrás.

-Bóxer suelto de cuadros. Efectivamente Mari, te ha vuelto a pasar. Es el mismo hombre que lleva calcetines de rombos, ese que tiene más de 70 años y toma pastillitas azules. Y no, no lo has conocido en un after, estabas en misa de ocho. Deja el Jägermeister “right now”, es una orden.

-Calzoncillo largo de franela. Resulta que su abuela, que se cree que todavía estamos inmersos en plena posguerra y desconoce las palabras calefacción y cambio climático, le sigue comprando la ropa interior. Y, chica, has tenido la mala suerte de que esos eran sus últimos calzoncillos limpios, los del fondo del cajón. ¿Aceptamos gayumbos anti-eróticos como “anécdota graciosa que les contaremos a nuestros hijos dentro de 20 años”?

-Tanga. Si ni a esas chicas que llevan alas les quedan bien, ¿por qué ellos iban a ser diferentes? También te digo que si, llegado el momento, descubres un tanga, igual deberías pasarte por tu esteticista a que te haga el labio superior. Porque, querida, mucho me temo que no eres su tipo.

-Bóxer ajustado. Mari, vas a necesitar sonsacarle un poco más de información, porque un chico de estos bien podría ser el amor de tu vida, ése que te provocará ser más cursi que vomitar arcoíris de purpurina, o un psicópata trastornado de los que siempre saludan tal y como luego declaran sus vecinos a los programas de televisión sensacionalistas ávidos de morbo. No sé, vete a lo fácil y googlealo, aunque pensándolo bien nadie pone en su Facebook que en su tiempo libre le gusta pasear de noche por los cementerios o comer casquería cruda. Juégatela y apuéstalo todo al rojo, que es el color de la pasión, aunque bueno también es el color de la sangre… Yo que sé chica, hazle caso a tu instinto. Y ante la duda, imita a Houdini y déjalo boquiabierto con tu mejor truco de escapismo.