-Si alguien ve algo, que levante la mano.-

¿Hay alguien ahí?

 

Las primeras semanas en las que ya sabíamos que estaba embarazada pasaban muy despacio y la incertidumbre aumentaba cada día. Tenía que tener fe en unos análisis que confirmaban que estaba todo bien pero realmente no lo sabes con certeza. ¿Hay alguien ahí? ¿Estará donde tiene que estar? ¿Habrá cuajado, como dicen en mi tierra? A esto hay que sumarle que las primeras semanas de gestación es muy normal manchar un poco alguna vez debido a la implantación del óvulo, pero claro, eso no lo sabía y al principio me asusté… Fui a la cita con la ginecóloga, a la que me envió mi médico de cabecera tras recoger los análisis. Muy maja la obstetricia pero casi ni me tocó. Esperábamos
poder escuchar el latido del corazón o verlo aunque fuera en una eco rápida. Pero nada. Me pesaron, me tomaron la tensión, me preguntaron si tienes alguna duda (“Alguna no, ¡TODAS! Pero justo ahora con los nervios me pillas en blanco… La próxima vez las traigo todas apuntadas“) y te dicen que tienes que hacerte con una carpetita para llevar todos los papeles de tu historial allá donde vayas. ¿¿En serio en pleno siglo XXI no puede estar todo informatizado y metido en un chip?? Qué indignación me causan este tipo de cosas, pero eso es un tema del que hablaré en otro momento.

 

Salimos de la consulta algo decepcionados. Aunque la primera eco por la Seguridad Social era a las 12 semanas (3 meses) y parecía que quedaba poco tiempo, nosotros queríamos una confirmación antes. Además se acercaban las vacaciones de verano y viajaríamos a Sevilla para ver a la familia. Habíamos pensado que entonces sería un buen momento para contárselo a todos y qué mejor que llevar la primera foto del peque.

 

Teníamos tantas ansias por verle y que nos dijeran que todo estaba bien con alguna tipo de prueba audiovisual que hicimos una búsqueda en Google: “ecografía centro Madrid“. Aproximadamente 463.000 resultados en 0,42 segundos. Elegimos el primer enlace. Craso error. Sin investigar más pedimos cita para esa misma tarde en la Clínica Ginecológica Callao, que curiosamente no está en Callao sino en la Plaza de la Luna. Ya al entrar en el centro nos dimos cuenta que nos habíamos equivocado, pero decidimos seguir adelante. Tenía entendido que estando de tan pocas semanas (en ese momento estaba solo de 8 semanas, unos 2 meses) podía ser que la eco abdominal no se viera muy bien y me tuvieran que hacer una ecografía vaginal para poder ver algo. Una vez allí, tenía claro que nada que estuviera en esa clínica iba a entrar en mi cuerpo. Dejaba entrar el aire porque no tenía más remedio… Nos despacharon muy rápido, no más de 5 minutos y apenas pudimos ver nada en la eco. Vale que en ese momento era del tamaño de una frambuesa pero al menos que pudiéramos ver cómo latía, escucharlo, asegurarnos que estaba bien. Sin más. El “médico” con sus poderes para ver Matrix en esa pantalla llena de cosas raras en escala de grises nos confirmó que todo estaba bien, que aún era muy pequeño y que sólo venía uno. Bueno mira, por lo menos, algo es algo… O al menos así nos consolamos. Para colmo, pagamos 60€ y no nos hicieron factura. Nos dieron un simple recibí con el que por lo menos teníamos un justificante de haber estado allí (que tuvimos que pedir, con la consiguiente cara de mustia de la recepcionista). Vamos, aquello era más turbio que el agua de un charco. Una experiencia nada recomendable.
Salimos más intranquilos de lo que entramos. Ese “médico” y su diagnóstico no nos dio mucha confianza que digamos. En la ecografía que nos llevamos no se veía nada… Vamos, se veía menos que el codificado del antiguo Canal+. Pero la culpa era solo nuestra, por ir a una clínica sin informarnos antes ni nada. Existen muchas opciones para hacerte ecografía por privado y muchos precios, cosa que descubrimos luego cuando nos dio por mirar un poco más y encontramos incluso empresas con ofertas muy interesantes en plataformas tipo Groupon.

 

Al final nos tocó esperar con paciencia la eco de las 12 semanas, y a pesar de que tuvimos que retrasar nuestras vacaciones una semana, merecía la pena porque quizá entonces ya podríamos confirmar que todo estaba bien y saber si era niño o niña…